Mercado voluntario de carbono en Colombia

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Por: Redacción AAS

Las empresas que emiten gases de efecto invernadero y los proyectos que se encargan de promover prácticas responsables con el medio ambiente se unen en un intercambio para que los primeros compensen su impacto a través del apoyo a los segundos.

En la tarde del 18 de agosto de 2016 se realizó, en la Cámara de Comercio de Bogotá, el lanzamiento del Mercado Voluntario de Carbono. La iniciativa, apoyada entre otras entidades por la Fundación Natura, la Bolsa Mercantil de Colombia y el Ministerio de Ambiente, es una de las estrategias para cumplir la meta que asumió el país en los Acuerdos de París. En el evento organizado por Foros Semana participaron representantes de estas organizaciones y de otras firmas encargadas de apoyar este mercado como el Banco Interamericano de Desarrollo, South Pole Group o Gold Standard, entre otras.

Según lo pactado en la COP 21 el año pasado, Colombia debería reducir en un 20% sus emisiones de gases de efecto invernadero de aquí a 2030. Para el ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, esta es una oportunidad para ilusionarse.

“En 1997, cuando se firmó el Protocolo de Kioto, en el Chocó teníamos muchas esperanzas porque nosotros veíamos cómo esos ecosistemas estratégicos, que nosotros estábamos conservando en el departamento, podrían entrar en un proceso de retribución”, contó en la tarde del jueves el Ministro frente a un auditorio lleno. La esperanza era que las industrias que más contaminaban compensaran su impacto al medio ambiente por medio del apoyo a reservas naturales como las que se encuentran en el Chocó. Ahora, complementaba Murillo, es la oportunidad para que esas retribuciones ocurran.

El Mercado Voluntario de Carbono es el primer paso para que las empresas que emiten gases de efecto invernadero (GEI) empiecen a cambiar sus prácticas de producción y midan su huella de carbono. Además, según Elsa Matilde Escobar, directora de la Fundación Natura, esta es la oportunidad para que conozcan los proyectos que están recuperando ciertos ecosistemas o trabajando con las comunidades para mejorar sus condiciones de vida por medio de prácticas sostenibles.

En La Guajira, por ejemplo, la Fundación ha apoyado el proyecto de estufas eficientes de leña para la población wayúu. Con estas se busca que esta comunidad evite la tala de árboles para cocinar y, a la vez, disminuya el impacto negativo en la salud de las mujeres que cocinan al lado del fuego.

La Bolsa Mercantil de Colombia será la encargada de realizar las operaciones del Mercado Voluntario de Carbono. Según Francisco Estupiñán, presidente de la Bolsa, se trata de un mercado voluntario porque el proceso de bonos de carbono debe ser paulatino. “Esto requiere educación, información confiable, legislación y debería tener incentivos y castigos en materia tributaria”, señaló Estupiñán.

Para que el mercado funcione se necesitan entidades que, por un lado, midan las emisiones de las empresas, y por el otro, identifiquen las organizaciones o comunidades que tienen proyectos que compensan ese impacto ambiental.

David Antonioli, director ejecutivo de Verified Carbon Standard (VCS)[1], explica que para que este mercado contribuya a reducir las emisiones hay que ofrecer las herramientas y la flexibilidad suficiente para que las empresas participen sin comprometer su competitividad. VCS hace parte de las múltiples organizaciones que contribuyeron para que el Mercado Voluntario de Carbono sea una realidad en Colombia. La empresa se encarga de verificar cómo se dan las reducciones, cómo se mantienen en el largo plazo y cómo se desarrollan nuevas metodologías para medir y reducir emisiones.

Para Fabiola Suárez, directora de la Corporación Ambiental Empresarial, la reducción en la huella de carbono supone un gana-gana para el sector productivo. En primer lugar, porque la reconversión tecnológica, para utilizar menos energía o reemplazar los combustibles fósiles, se traduce en la reducción de costos. Además, en la medida en que se supere esta transición, las empresas serán más productivas y competitivas. Pero, agrega Suárez, todo esto también es importante porque el mercado ya está pidiendo que las empresas se preocupen por el medio ambiente. De modo que una política responsable con las emisiones también es una forma de proyectar una buena imagen para las organizaciones.

Tanto las empresas como la población civil pueden empezar a participar en este mercado. Los promotores estiman que, en principio, la participación de unos y otros será tímida. Pero en la medida en que se empiecen a visibilizar los proyectos que reciben los aportes de estos bonos, el mercado voluntario de carbono empezará a crecer. Además, promotores de la iniciativa esperan que el Ministerio de Hacienda otorgue exenciones tributarias a las empresas que midan su huella de carbono y la compensen.

[1]  Con el fin de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, los países firmantes del protocolo de Kyoto diseñaron mecanismos de flexibilidad con el fin de que las principales empresas contaminantes pudieran compensar sus emisiones mediante un régimen de comercio de derechos de emisión, aplicable dentro del mercado de créditos de carbono. Así entonces, diversas organizaciones sin ánimo de lucro han desarrollado mercados voluntarios de emisiones donde las empresas y organizaciones pueden compensar sus emisiones. Dentro de estos esquemas de carácter voluntario se pueden generar e intercambiar unidades o créditos de Reducción de Emisiones Voluntarias (VER’s). A diferencia del esquema propuesto por Kyoto, los proyectos de reducción emisiones bajo esquemas voluntarios se pueden implantar en cualquier país. Este es el caso del Verified Carbon Standard (VCS) que constituye uno de los esquemas con mayor implantación a nivel global dentro de los mercados voluntarios de reducción de emisiones de carbono.