En un momento en que el mundo se enfrenta a las crisis sanitarias, sociales y económicas mundiales más pronunciadas del siglo, unidas a la creciente destrucción de la biodiversidad, a los efectos cada vez más graves de la crisis climática, a las desigualdades cada vez mayores e interrelacionadas y a amenazas contra los derechos fundamentales, las
organizaciones de la sociedad civil abajo firmantes hacemos un llamado a los Bancos Públicos de Desarrollo (BPD) para que inviertan sus considerables recursos financieros e influencia en la construcción de un futuro justo, equitativo, inclusivo y sostenible para todos.

La pandemia de la Covid-19 no es más que el ejemplo más reciente de las crisis multifacéticas a las que se enfrentan nuestras sociedades. Debemos abordar estas crisis desde la raíz. Es probable que la pandemia arrastre a otros 150 millones de personas a la pobreza extrema para el 2021 y que acentúe drásticamente las numerosas vulnerabilidades a las que se enfrentan miles de millones de personas. Mujeres y niñas, así como quienes padecen los efectos acumulativos de diversas vulnerabilidades, serán las poblaciones más afectadas. Además, si la crisis climática que se agrava y la disminución acelerada de la
diversidad biológica no disminuye, la pobreza y otras vulnerabilidades se intensificarán aún más para el 2030.

Al margen de la duración de la pandemia, los retos a los que se enfrenta el mundo exigen respuestas globales que se adapten a situaciones locales. Esta declaración tiene por objeto subrayar las cuestiones importantes e interrelacionadas que los BPD deben abordar para ofrecer una respuesta global a los desafíos actuales y de largo plazo. Los BPD deben evitar repetir los errores del pasado. Deben aprovechar la oportunidad que brinda la cumbre Finanzas en Común para iniciar un cambio rápido y profundo en su forma de operar y hacer
de la democracia, la inclusión, la igualdad, la solidaridad y el bien común el eje de sus acciones. El dinero público debe gastarse únicamente de manera que promueva el
bienestar de las poblaciones y del planeta; ni un solo centavo gastado debe contribuir en modo alguno a la violación de los derechos humanos, económicos, sociales y culturales, o de los derechos de los pueblos indígenas, ni debe permitir la destrucción de la naturaleza,
exacerbar la crisis climática o agravar la injusticia climática a través del apoyo a las principales industrias responsables de la misma

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