Parados en un río de petróleo

    Comunidades del corredor Puerto Vega-Teteyé, en el sur del Putumayo, no tienen agua potable, pues sus principales fuentes están contaminadas.

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    Primera publicación: Noticias Caracol 

    Por: Álvaro Fredy Acevedo

    Ambiente y Sociedad invitó a Noticias Caracol para visibilizar el conflicto por el agua que viven miles de campesinos en el Corredor Puerto Vega-Teteye.

    Desde hace 25 años, la industria petrolera ha desarrollado un gran potencial en el sur del país, particularmente en los departamentos de Caquetá y Putumayo. En este último hay un sector muy complejo: el corredor Puerto Vega – Teteyé. Los campesinos de esta zona han lidiado durante años con los impactos del crudo en las fuentes de agua.

    El tema se hace más difícil si tenemos en cuenta que el corredor fue una zona donde operaron las desmovilizadas FARC y aún hoy hacen presencia los grupos disidentes que se separaron de los diálogos de paz. También están las comunidades campesinas que durante años han dependido de los cultivos ilícitos, es decir, son zonas cocaleras, sus habitantes defienden su forma de subsistencia por la ausencia del Estado y las pocas oportunidades que hay para que dejen esta actividad.

    El corredor Puerto Vega-Teteyé es habitado por quince mil habitantes, aproximadamente, hay tres resguardos y dos cabildos indígenas, cincuenta y dos Juntas de Acción Comunal. Es corredor natural del Jaguar, está bañado por los ríos Putumayo, San Miguel y Cohembí, hay más de 10 humedales que hacen parte de un complejo lagunar, es decir, tiene un potencial hídrico muy importante. Desde antes de la llegada de las petroleras, la gente se abastecía del agua de los caños y lagunas, pues desde esa época hasta hoy no cuentan con servicio de acueducto.

    Los impactos del crudo se traducen en la contaminación de las fuentes hídricas de la región. Accidentes en las líneas de conducción del crudo, carrotanques que terminan volcados en caños, atentados de la guerrilla al oleoducto o a los mismos camiones que transportan el hidrocarburo, como ocurrió en junio del 2015, son muchos los incidentes que durante las dos últimas décadas han afectado ecosistemas hídricos y la biodiversidad de la región.

    Realizamos un recorrido por el corredor para conocer de viva voz las inquietudes de la comunidad, luego de cruzar el río Putumayo en lancha, pues no hay puente que comunique a la cabecera municipal, Puerto Asís, con estas veredas del sur. La primera parada fue en la vereda La Montañita.

    Allí nos encontramos con Luis Germán Díaz, un piscicultor que durante años fue exitoso en su negocio, pero hoy no sabe que hacer porque los caños que pasan por su finca están contaminados con petróleo. Recuerda cómo fue el momento en que su vida cambió por cuenta de estos impactos ambientales.

    “Todo esto era negro, negro, eso fue algo que psicológicamente nos afectó y todavía nos tiene afectados, porque no tenemos esa confianza. Para el tema de piscicultura ya no me sirve este caño porque si yo crezco pescado, pues la gente tendrá la idea que vendo pescado con agua contaminada…”

    En medio de una nube de polvo que levantan los gigantescos carrotanques que transportan el crudo, seguimos nuestro recorrido. En el camino nos encontramos con lo que alguna vez fue una laguna, sobre el agua flotan aceites y grasas y en sus orillas una brea de petróleo sólido se riega hasta la vegetación que aún sobrevive. El termómetro marca 38 grados centígrados pero la sensación térmica es de 40 °C. Allí conversamos con Iván Narváez, quien es el presidente de Acsomayo, una de las organizaciones campesinas más fuerte de la región y que desde hace varios años hace incidencia en las instituciones nacionales para que les solucionen este problema.

    Iván dice sin tapujos que esto es lo que les ha dejado la explotación petrolera: “el Putumayo tiene en esta región una zona plana y está contaminando otros cuerpos de agua de aquí para abajo, hay muchos cuerpos de agua que están entrelazados con estos humedales y pone en riesgo a las demás comunidades que están en las cuencas hídricas de aquí para abajo”.

    La lucha no ha sido fácil, dicen ellos. En 2016 el Tribunal Superior de Nariño emitió un fallo donde ordena a las empresas petroleras limpiar y descontaminar los cuerpos de agua afectados y, al mismo tiempo al Municipio de Puerto Asís, proveer con carrotanques agua potable a las comunidades. Pese a esta y otras decisiones judiciales durante estos años, la cosa sigue igual, los pasivos ambientales han deteriorado tanto las fuentes hídricas que ya no hay agua potable en la zona y gente como Luis Germán está parada en una potencia hídrica, pero no puede usar el agua.

    No solo les preocupa el presente sino el futuro. El presidente de Acsomayo se pregunta ¿qué va a pasar cuando ya no estén las petroleras?

    “No hay infraestructura vial, aquí no hay un acueducto regional, no hay una infraestructura para poder proyectarnos en productividad agrícola, la comunidad vive de las migajas que deja la actividad petrolera, pero realmente una actividad económica progresista, que quede activada luego que la explotación petrolera termine, pues no la vemos, quedará una pobreza extrema, peor de la que hay…”

     

    Cabildo Nasa: sin agua ni rituales

    Avanzamos y el camino nos lleva al Cabildo indígena Nasa, Kiweñusa. Allí nos recibe el gobernador Andrés Cabiche. Con un sencillo ritual Cabiche nos enseña a los visitantes la importancia de la conexión de su pueblo con el aire, el agua y la Tierra. De inmediato nos trasladamos al caño Huitoto que cruza el Cabildo y desde siempre ha sido fuente de agua para el sustento de su gente y los rituales de la madre tierra.

    Añade que el caño, como muchas otras fuentes de agua de la zona, también está contaminado y no pueden usar sus aguas: “Es una gran afectación porque no tenemos, como comunidades indígenas, un respeto por la vida y la defensa de territorio y lo más importante: que el agua es una fuente de vida para todo ser humano, que todos hacemos el uso del agua para nuestro vivir, entonces desde la parte espiritual sí nos vemos muy afectados porque ya llevamos de diez a quince años sin poder hacer un ritual colectivo en nuestra comunidad”.

    También advierte que en épocas de sequía cuando escasea el agua se ven obligados a tomar el líquido del caño y bañarse, pero luego vienen las enfermedades y las ronchas en el cuerpo de los niños. Dice que hasta las sanguijuelas que antes existían en el caño fueron extinguidas por los altos niveles de contaminación.

    En el mismo cabildo hablamos con Laura Montaño, vocera de la Asociación Ambiente y Sociedad, ONG que acompaña desde hace varios a la comunidad y que le brinda asesoría jurídica y técnica en este proceso.

    Ellos son muy críticos con el papel que cumplen instituciones como la ANLA o Corpoamazonía: “Hemos visto tanto por parte de Corpoamazonía como por parte de la ANLA que no hay una diligencia tan clara, es decir, no hay un seguimiento periódico, no hay un seguimiento juicioso a qué es lo que está pasando, vemos que no hay estudios propios que permitan contrastar. Toda la información que reciben viene principalmente de la empresa, parten de la veracidad de los estudios de la empresa y no tienen fuentes propias para contrastar lo que está sucediendo”.

    Montaño dice que a las comunidades les están violando derechos fundamentales, derechos asociados a la falta de agua potable.

    “¿Qué pasa con el derecho al agua? Si bien ahorita no podemos hablar de un derecho como tal, sí podemos empezar a hablar de la conexidad que tiene con otros derechos, como el derecho a la salud, el derecho a la vida, a una vida digna, que es lo que termina pasando acá. Cuando estas comunidades se ven enfrentadas, por ejemplo, a no recibir el agua potable que deben recibir como parte de la obligaciones o medidas cautelares hacía una empresa por los impactos ambientales que ha causado a las fuentes hídricas, al no recibirla, están viendo un atropello a su capacidad de subsistir”