Los páramos de Chingaza, Sumapaz y Guerrero fabrican el agua de Bogotá y otros municipios de la sabana. En sus inmediaciones, hombres, mujeres y niños a diario se esfuerzan por protegerlos. Pero deben adaptarse a cambios que van desde la delimitación de sus territorios hasta el clima.
La fuerza de los campesinos va más allá de lo físico. Claudia Ruíz capturó el momento en el que uno de ellos esparcía abono sobre la tierra.











