Primera Feria Itinerante hacia la Justicia Climática: jugar a ser semilla del cambio

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La Feria Itinerante hacia la Justicia Climática fue diseñada para sensibilizar a la niñez sobre el cuidado del ambiente a través del juego, la creatividad y el aprendizaje experiencial. Realizada el 22 de octubre en jornadas de tres horas, la iniciativa buscó promover la acción colectiva desde temprana edad.

Cada participante recibió un kit que incluyó bolso, agenda, boletín, lápiz con semilla, plastilina y una plancha de stickers, herramientas pensadas para reforzar el aprendizaje más allá de la jornada.

Tres estaciones de aprendizaje

La feria se estructuró en cuatro estaciones temáticas. En Guardianes del Clima, los niños conocieron el Acuerdo de París y el cambio climático mediante un cuento ilustrado y un juego de preguntas con tarjetas de colores, comprendiendo su rol como cuidadores del planeta.

La estación Manos en la Tierra ofreció una experiencia práctica: los participantes sembraron semillas en materas elaboradas con botellas recicladas, aprendiendo cómo las plantas absorben CO₂ y producen oxígeno. Cada niño llevó su matera a casa, y se realizaron donaciones para huertas escolares.

Además, por medio de objetos lúdicos como un rompecabezas o un quemacocos, los estudiantes comenzaron a aprender conceptos básicos de defensa ambiental y sobre la importancia de las acciones pequeñas para generar grandes cambios.

En Cuentos por el Planeta, un narrador compartió historias sobre animales y comunidades que protegen la Tierra. Los niños luego dibujaron “Así cuido yo la Tierra”, conectando emoción con acción ambiental. “Al finalizar esta parte creativa de la actividad, pasamos a hacer una entrega de semillas, para que ellos y ellas sean guardianes del territorio”, explicó Paula Rubiano, miembro del colectivo La Cuarta Raya del Tigre.

Aquí también tuvieron la oportunidad de leer y conocer el cuento infantil Celeste, Salomé y el secreto del Acuerdo de París, un insumo creado por las investigadoras de Ambiente y Sociedad pensado para divulgar la importancia de este acuerdo en las personas más pequeñas. 

Finalmente, Jugando al Reciclaje enseñó la clasificación de residuos con canecas de colores. Un reciclador invitado explicó la importancia de su labor, mientras los niños creaban objetos, animales o árboles con plastilina, reconociendo el valor de reducir, reutilizar y reciclar.

Allí, los menores también podían participar en diversas actividades de competencia con distintos premios. 

Como el punto final de la jornada, la artista y titiritera Angélica Espíndola, conocida como La Jaguara, presentó una de sus obras, animando títeres y contando una historia que transportó a los asistentes de la fría Bogotá a los paisajes áridos de la guajira, donde una traviesa niña aprende el valor de su familia, la cultura, y la relación con el ambiente y el territorio. 

“Agradecemos a la Asociación Ambiente y Sociedad y también a la Embajada Francesa, porque ellos también están encaminados en esta causa. Las puertas del colegio siempre estarán abiertas todos ustedes”.

Este proyecto ha sido posible gracias a la Embajada de Francia en Colombia, sin quienes esta apuesta arriesgada por la comunicación y la sensibilización ambiental no hubiera sido posible.