Por: Tomás Tello Monroy
“Yo decía: 'Cuando tenga 60 años yo voy a vivir de este producto, de este cultivo'. Pero vuelvo y le digo, nos toca volver a empezar de ceros”, le dijo a Caracol Televisión un campesino del Tolima que perdió su cultivo de 550 árboles de aguacate, el trabajo de toda su vida.
Historias similares se repiten en los departamentos de Nariño, Cauca y Tolima, las regiones que más han sufrido los impactos de la emergencia por incendios forestales que afectan a Colombia desde hace varias semanas. Solo en Nariño, las llamas han comprometido los medios de vida de casi 700 familias y otras 1.882 personas.
Desde el 1 de agosto, solo en Tolima se han registrado 332 incendios, que han afectado más de 50.000 hectáreas de cobertura vegetal, más de 3 veces el área de Barranquilla. De estas, al menos 14.000 eran destinadas para cultivos, lo que ha representado una pérdida de más de 14.523 toneladas de alimentos y más de 28.000 productores agropecuarios afectados, según ha reportado la Secretaría de Desarrollo Agropecuario y la Gobernación del Tolima. Los cultivos más afectados han sido el limón, el maíz, el plátano y el cacao.
Pero el fuego también ha afectado el pasto seco de la región, destinado a alimentar ganado, del que se han perdido 167.448 toneladas. De acuerdo con el Comité de Ganaderos del Tolima, el impacto económico de los incendios podría ascender a los 50 mil millones de pesos. Además, más de 10 mil cabezas de ganado están en peligro de muerte.
Los pronósticos climáticos no son optimistas. Jennifer Dorado Delgado, jefa de pronósticos y alertas del IDEAM, ha advertido que en Nariño, Cauca, Tolima y Huila, las regiones donde hay focos de calor, las posibilidades de lluvia son bajas.
Advertencias desoídas
Si bien el gobierno nacional ha respondido a la emergencia con acciones de choque de parte de la Fuerza Pública, estas medidas son transitorias, temporales y necesarias. Pero no responden al espectro amplio del problema.
Aunque El Niño es un factor climático a tener en cuenta, este fenómeno cíclico debería estar contemplado en los planes de gestión de riesgo del país, pues su ubicación lo hace susceptible a olas de calor extremas, así como de precipitaciones abundantes. Así se ha evidenciado durante El Niño entre 1997 y 1998, entre 2015 y 2016 y entre 2023 y 2024. Este último evento provocó el racionamiento de agua más agudo que ha tenido la capital colombiana en lo que va de este siglo.
Los incendios revelan una cara del impacto del cambio climático. La degradación de los bosques, la deforestación, el cambio en el uso del suelo para actividades ganaderas y hasta la utilización de especies no nativas de algunos tipos de pasto para alimentar bovinos, son algunos de los factores que, sumados, han confluido para generar esta emergencia.
La directora de Cortolima, la autoridad ambiental del departamento, afirmó a El País América que existe una correlación directa entre los procesos de deforestación y el aumento de temperatura en la región. “En este último fenómeno de El Niño, en promedio hemos aumentado 2,4 grados centígrados en temperatura”, dijo al diario.
El cambio climático no solo hace más agudos los fenómenos naturales, como El Niño, sino que ha obligado a los agricultores a buscar nuevas estrategias para garantizar la producción. Por ejemplo, según recoge El País, se ha comenzado a cultivar en mayor altura desde hace 20 años. “Una frontera agrícola que ha subido y ha llevado a que desaparezca el café en la parte baja de las montañas. Esto no solo fuerza los cultivos de café, sino otros como la papa y la zanahoria, lo que implica más presión en las partes altas en los ecosistemas”, como les dijo la representante de caficultores del sur tolimense Viviana Oyola.
El IDEAM corrobora esta correlación. En su Cuarta Comunicación Nacional sobre el Cambio Climático, la autoridad climática evidencia que, entre 1981 y 2020, el calentamiento de la temperatura es la señal más consistente y de mayor alcance territorial del cambio climático. Precisamente Tolima, junto con Casanare, Putumayo y Amazonas, son los departamentos en los que hay mayores niveles de calentamiento.
La proyección que hace el IDEAM para el 2061 y 2081, además, indica que los aumentos de temperatura nacional “oscilarían entre 1 °C y 4 °C, con los incrementos más pronunciados en el centro y norte de la región Andina y en la Amazonia”, con probables incrementos más pronunciados en Tolima, Nariño, Risaralda, Valle del Cauca, Casanare, Vichada, Amazonas, Norte de Santander, Huila.
La necesidad de un enfoque de justicia y derechos humanos.
Si bien la naturaleza de las emergencias suele ser breve, las consecuencias de estas pueden durar muchos años. Las más de 27.000 hectáreas de vegetación y bosques que ha perdido el país pueden transformar el paisaje de las regiones afectadas durante décadas, además de acelerar procesos de agudización climática que generen un efecto de bola de nieve entre menor cobertura boscosa que facilita la propagación de fuegos que, a su vez, disminuyen más cobertura boscosa, y a su vez reduce la resiliencia climática de comunidades y territorios.
Estas emergencias, que han sido cíclicas, también demuestran que Colombia tiene grandes retos de adaptación a la crisis climática. “Tenemos preguntas frente a cómo abordará el gobierno nacional este tipo de emergencias, pues no solo ocurrirá esta, sino que vienen años complejos en donde no bastará con responder al evento inmediato, sino que habrá que avanzar de forma acelerada en las acciones de adaptación y el manejo de las pérdidas y daños climáticas””, sostiene Laura Serna Mosquera, investigadora de Alternativas al Desarrollo de Ambiente y Sociedad.
Por esto es clave que este y los próximos gobiernos prioricen y materialicen en sus planes de gobierno la agenda ambiental y climática del país, desde un enfoque de justicia climática y derechos humanos.






