Trabajo de investigación – María Alejandra Hernández Ramírez, Estudiante de historia, Universidad Nacional.

El futuro del páramo Sumapaz está en riesgo debido a la histórica expansión de la frontera agrícola, la deforestación y la minería. Explicar las relaciones humanas con el páramo de Sumapaz a lo largo del tiempo muestra unos cambios en el trato de este y más recientemente en el compromiso ambiental con el ecosistema. Los páramos son ecosistemas que se encuentran entre los 3000 y 4000 msnm, su clima es muy frío y cumplen con un importante papel en el ciclo del agua, regulando la expulsión de esta para que de forma moderada se formen nacimientos, quebradas y ríos, esta condición mantiene el flujo de agua constante a lo largo del año, evitando los riesgos de una gran sequía.

Los páramos antes de ser un territorio de ocupación humana son ecosistemas vivos, en este sentido manejan ciertas dinámicas o ciclos naturales indispensables para su funcionamiento; un ejemplo muy interesante es el tipo de vegetación que crece en su suelo, como el musgo que haciendo las veces de una esponja puede recolectar litros y litros de agua sin ningún problema, o el tiempo que tarda un frailejón en crecer, alrededor de un centímetro cada año, es decir, se pueden encontrar fácilmente frailejones de 200 y hasta 400 años, lo que para los seres humanos significa más de cuatro generaciones.

La anterior es una mención/aclaración que busca hacer justicia al páramo como un ecosistema natural particular, que no todas las regiones del mundo posee y que por el contrario, Colombia goza con una gran cantidad de ellos, que es un privilegio cuando el mundo está en alerta ante una futura guerra por el agua.

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Fotografía de Santiago Madriñan en El Espectador, 2020

 

El desarrollo del texto estará basado principalmente en los planteamientos que realiza la abogada Johanna Carolina Daza Rincón en su investigación “De la defensa de la tierra a la del territorio: Transformación de las relaciones con el páramo y giro – eco territorial en las comunidades campesinas del Sumapaz” (2019).

Su objetivo general es “analizar históricamente como las comunidades campesinas de la Localidad 20 de Sumapaz han resignificado sus reivindicaciones al pasar de la defensa de la tierra a la del territorio a partir de una transformación en sus relaciones con el Páramo de Sumapaz” (Daza Rincón, pp. 24). El territorio de Sumapaz ha sido constantemente territorio de disputa, ya sea por conflictos políticos, sociales y más recientemente ambientales, en este sentido la autora estructura la transformación de la relación con la naturaleza, en torno a los conflictos, pero sobre todo, en torno a la respuesta campesina por la permanencia en el territorio. Es mi intención mostrar a la región del páramo de Sumapaz como un territorio resignificado por quienes lo habitan, donde las relaciones humano-naturaleza han sido históricamente tan importantes para las comunidades que lo han habitado, como para el ecosistema que ha sido intervenido y es parte de las discusiones humanas en defensa de la tierra y del territorio.

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Páramo de Sumapaz, Ricardo Gómez Campuzano, 1959.

 

El páramo de Sumapaz es fuente de vida, no solo por ser un ecosistema abastecedor de agua y almacenador de co2 producido en la ciudad de Bogotá, sino por ser un lugar que históricamente ha salvado y recibido a familias durante los dos últimos siglos: primero, huyendo de las guerras independentistas y por las constantes guerras civiles que se dieron durante el siglo XIX, segundo, quienes sufrieron la guerra bipartidista llamada La Violencia a mediados del siglo XX.

Es a partir del entendimiento de estos fenómenos que ha vivido el páramo que se reconocen los cambios en las relaciones humano-naturaleza y como estos habitantes y recientes campesinos han sido muestra de resistencia y adaptación, a pesar de las condiciones climáticas, ya que el páramo puede tener temperaturas desde 2ºC hasta 18ºC, que puede significar escasas fuentes de abastecimiento de comida, como algunos cultivos de tubérculos y la tenencia de ganado vacuno.

Las nuevas impresiones pero no las únicas

Ahora es necesario explicar los fenómenos temporales de ocupación y actividad humana en el Páramo de Sumapaz, en palabras de Carolina Daza: la forma en que ha cambiado la concepción del mismo páramo, hasta convertirse “en un factor de identidad y de sostenimiento de la vida en el territorio” (pp. 103). Antes de la conquista de América, se puede reconocer un grupo indígena denominado, por los vocablos chibchas, como Sutagaos (Suta: “sol”, Gaos: “hijos”) quienes habitaron el territorio que hoy conocemos como Silvania, Fusagasugá y Chinauta; según la autora, para el pueblo Sutagao el páramo era territorio ocasional y sagrado con fines de caza, de recolección y de celebración de ritos funerarios. Con la colonización, las actividades agrícolas que se manejaban (cultivo mixto y aprovechamiento de abonos orgánicos) desaparecieron, la inserción de nuevas especies, los nuevos sistemas agrícolas y formas de trabajo transformaron el paisaje y el poblamiento en el páramo. A pesar de las nuevas incursiones, el páramo siguió viéndose como un lugar desolado, que por su topografía y clima no era provechoso para los avances conquistadores.

El interés por el páramo en la colonia no llega sino con la Real Expedición del Nuevo Reino de Granada, dirigida por Jose Celestino Mutis entre 1783 y 1816, quien describió al frailejón y lo considero como una de las especies vegetales más extrañas que había estudiado. Así, el primer contacto con el páramo de Sumapaz durante la colonia fue de índole científica, pero también existió un interés de carácter económico: la ganadería y agricultura se empezaron a expandir hacia la alta montaña, lo que conllevó la pérdida de bosques nativos a través de la tala y quema de estos.

Desde 1537 se fundan lugares como centros poblados en la región del Sumapaz, como Fusagasugá, Pandi, Choachí, Tibacuy y Usme; pero no es hasta finales del siglo XVIII, que la corona española empieza a vender grandes terrenos ubicados en el páramo, constituyendo a la hacienda como la forma de propiedad más característica del siglo XIX. Al mismo tiempo, el páramo de Sumapaz se convertía en un refugio: personas sobrevivientes a las guerras de independencia decidieron huir a lugares de difícil acceso, lo que generó una mayor presión por la expansión de la frontera agrícola. Durante dos décadas (1860-1880), la quina, una corteza con usos medicinales y adaptable a grandes alturas (3000 msnm) tuvo un auge importante en la región, la Compañía Colombia logró emplear hasta 2000 personas, generando un incentivo para el poblamiento del Sumapaz.

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Quina. Cinchona lanceifolia. Lámina de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, 1783-1816.

 

En este sentido, son varias las dinámicas sociales que han causado la ocupación del páramo, algunas persistentes y otra temporales como lo fue el auge de la quina, ya que lugares fundados en la región del Sumapaz como la Uribe en el Departamento del Meta, fueron abandonados y no fueron ocupados hasta mediados del siglo XX debido al desplazamiento generado en el periodo de La Violencia.

La convivencia humana con el Páramo del Sumapaz

El sistema hacendatario se consolidó y con el fin de ampliar la propiedad latifundista continuó el proceso de expansión de la frontera agrícola a través de la roza y tala de bosques nativos por parte de los propietarios, ninguna autoridad estatal controlaba la delimitación de las haciendas. Los antecedentes de la ocupación del páramo de Sumapaz demuestran dos cosas: primero, este ecosistema no ha sido ajeno al contacto humano, al contrario ha sido considerado un territorio estratégico a lo largo de la historia; segundo, que el páramo de Sumapaz ha sido históricamente un territorio de disputas, ya sea, por su tierra, por diferencias políticas, por su ubicación estratégica militar y más recientemente por intereses mineros extractivistas.

Entender las relaciones con la naturaleza y las transformaciones de esta se vuelve indispensable, la historia oral que entrega el siglo XX es una de las principales fuentes de información: para los habitantes mayores del páramo son evidentes los cambios que ha tenido este ecosistema, la temperatura se ha incrementado, los cuerpos de agua no son tan caudalosos y el glaciar que existía ha desaparecido. A pesar de las actividades económicas que históricamente se han realizado en el páramo, ganadería y aprovechamiento maderable principalmente y otras con fines de subsistencia que actualmente son considerados crímenes contra la naturaleza como la cacería de especies animales comunes en la región: oso de anteojos, venados, conejos, borugos, águilas, etc., los cambios en la percepción del ecosistema por parte de sus habitantes son importantes, la defensa del territorio y de su naturaleza se convierten en los pilares de la lucha campesina de los últimos años, “las reivindicaciones del campesinado sumapaceño han transitado de la defensa de la tierra a la defensa del territorio, concepto aún más potente políticamente que el de tierra, en tanto permite abarcar las relaciones sociales que se tejen con el espacio geográfico e involucrar otras en las que emergen actores antes no considerados, en este caso el páramo y toda su biodiversidad” (Daza Rincón, pp. 103).

No obstante, desde la década de 1950, tanto Juan de la Cruz Varela, líder campesino de la región y leyes nacionales pedían conservar los bosques, cuidar las fuentes de agua que alimentaban a las familias campesinas y evitar la caza de mamíferos, que podrían ser reserva de comida ante cualquier guerra, según Varela.

En 1977 se crea el Parque Nacional Natural Sumapaz (PNNS) declarado mediante el Acuerdo No. 14 de 1977, su objetivo, hasta hoy, es la conservación de los ecosistemas de páramo y del bosque alto andino y de sus sistemas hídricos. Pese al temor y a la percepción invasora de Parques Nacionales para los campesino de la región, también se reconoce el papel del PNNS como una entidad que le ha permitido entender el valor del páramo para la humanidad.

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Fotografía en salida de campo al Sumapaz, 2019.

 

Así mismo, una de las medidas estatales más recientes frente a la conservación del medio ambiente y de los parques nacionales, es el énfasis ambiental que tiene la Constitución Nacional de 1991. Además de los compromisos internacionales, el estado ha creado una serie de normas que defienden los páramos y las fuentes hídricas de cualquier explotación, hasta “elevar la preocupación por el ambiente a rango constitucional”, lo que generó un impacto en los habitantes del páramo, cuestiones como el cuidado de su ecosistema y de sus especies vegetales y animales, se empezaron a tener en cuenta en la comunidad, hasta volverse parte de su diario vivir.

Para esta época se estaba generando una nueva relación y percepción de la naturaleza, pero también se intensificó un fenómeno que puede crear otro tipo de relación: el conflicto armado en el Sumapaz se recrudece en la década de 1990. El conflicto en el páramo de Sumapaz se ha dado principalmente la inequitativa distribución de la tierra y la respuesta del campesinado a través de las vías legales o armadas. Sin embargo, durante esta fase aparecen nuevos actores mucho más activos y con otros objetivos: el Ejército, la guerrilla y el paramilitarismo (aunque estos últimos no estuvieron presentes), utilizaron el corredor del páramo con el Meta por sus condiciones biogeográficas, para solventar el refugio y alimentación de los grupos.

“En el alto Sumapaz no hubo siembra de cultivos de uso ilícito por parte de los grupos armados, ni tampoco actividades como la minería ilegal o legal a gran escala, pero las características naturales de este territorio y sus bosques circundantes lo hicieron estratégico, tanto por su cercanía con la capital del país como por la poca presencia humana” (Daza Rincón, pp. 128).

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Fotografía: Instituto Von Humboldt.

 

El medio ambiente para una guerra puede significar dos cosas: primero, como una fuente de abastecimiento y financiación; segundo, la naturaleza puede ser víctima del conflicto o beneficiario de este.

En Colombia tenemos el ejemplo de la selva amazónica que se benefició de la presencia de grupos armados, ya que otras actividades, sobre todo extractivistas no llegaban a estos lugares. Por su parte, el páramo de Sumapaz también puede ser analizado como víctima y beneficiario del conflicto armado.

Igualmente los campesinos que lo viven mencionan los riesgos a los que se enfrenta el páramo y ellos mismos por el asentamiento de tropas en el lugar: la tala de frailejones y árboles, el desecho de plásticos, la caza de animales, la contaminación de agua y la siembra de minas antipersona.

Finalmente, se puede reconocer que el páramo de Sumapaz ha sido un territorio ocupado por diferentes culturas y en diferentes épocas históricas. Sin embargo, es la ocupación más reciente, que cuenta con mucha más información, la que demuestra un desarrollo organizativo mucho más fuerte que busca defender su territorio, pero aún más importante, busca defender al ecosistema páramo de forma desinteresada económicamente hablando. El trabajo de Johana Carolina Daza Rincón explica como la creación de diferentes figuras organizativas, Zonas de Reserva Campesina, proyectos productivos, programas agrícolas y educativos como PEAMA, hacen parte de ese giro-ecoterritorial, como se ha llamado a ese cambio en los campesinos del Sumapaz por la incorporación del cuidado y protección del páramo de Sumapaz.

Para el páramo de Sumapaz esta resignificación es un soporte muy importante, ya que existe un compromiso por parte de sus habitantes tanto en el cuidado y protección del Páramo como en el cambio de prácticas productivas, permitiendo la recuperación ecosistémica, la recuperación del suelo y de su vegetación, que ha sido desgastada desde la gran expansión agrícola en el siglo XX. Se trata de una oportunidad humana de rescatar el páramo a partir de unas nuevas relaciones con la naturaleza, que buscan unas condiciones más ideales para sobrevivir y convivir con un ecosistema como el páramo Sumapaz.

Descargar (PDF, 5.12MB)

La resignificación del Páramo de Sumapaz por sus habitantes a lo largo del tiempo (1)