Presión y ocupación de tierras amenazan al páramo de Guerrero

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Fuente: El Tiempo

Municipios deben implementar estrategias para reducir el deterioro, dice la Contraloría.

La ocupación de los predios que hacen parte del páramo de Guerrero, uno de los cinco complejos con los que cuenta el departamento de Cundinamarca, así como los conflictos por la tenencia de la tierra (falsa tradición) entre familias, son algunos de los problemas con los que hoy vive este ecosistema.

El páramo está en jurisdicción de 16 municipios de Cundinamarca (que cuenta con el 99 por ciento del complejo) y uno de Boyacá. Está ubicado sobre la cordillera Oriental de los Andes, tiene una extensión de 43.228 hectáreas y allí se encuentran terrenos entre los 2.800 y los 3.780 metros sobre el nivel del mar. 

Además, el páramo de Guerrero ocupa el 2 por ciento de la extensión de Cundinamarca, si se tiene en cuenta que todo el departamento abarca 2’421.000 hectáreas. El complejo incluye también los cerros Socotá, Santuario y Colorado; los páramos Napa, Alto, Guargua y Laguna Verde, y los altos La Mina y El Muchacho, y la cuchilla El Tablazo.

Está ubicado en el borde norte, e incluye los municipios de Carmen de Carupa, Cogua, Cucunubá, Fúquene, Pacho, San Cayetano, San Francisco, Simijaca, Subachoque, Supatá, Susa, Sutatausa, Tausa, Tabio, Ubaté y Zipaquirá.

En el mapeo de las afectaciones que presenta un informe de la Contraloría de Cundinamarca –que les solicitó a los municipios información sobre el estado del complejo y las acciones que se han adelantado para limitar sus afectaciones– se encontró que la ampliación de la frontera agrícola para cultivar es uno de los principales males en la zona.

En nueve de los 16 municipios del departamento en donde tiene presencia el páramo hay conflictos ambientales derivados de la actividad agrícola o ganadera.

Muestra de ello es la información suministrada por el municipio de Ubaté, en donde a la producción agropecuaria se le ha sumado la tala de especies nativas para desarrollar esta actividad, lo que ha impactado negativamente el ecosistema.

A eso se le suma la extracción minera no autorizada, lo que ha generado “pérdida de fertilidad de los suelos, procesos erosivos y pérdida de capacidad de recarga de los acuíferos”, señala el informe ‘Estado de los recursos ambientales de Cundinamarca’, adelantado por la Contraloría departamental.

Según el contralor Ricardo López Arévalo, “el objetivo fue identificar y corroborar el estado actual de los ecosistemas de páramos presentes en el departamento de Cundinamarca, ya que el departamento alberga el 12,34 por ciento de la extensión total de los páramos existentes en Colombia”.

Efecto de los daños

El funcionario explicó que los hallazgos del informe de los páramos, en general, muestran que los daños en los ecosistemas conllevan “la pérdida de suelos fértiles, capacidad hidrológica, retención y regulación hídrica, especies de flora y fauna endémicas de las zonas y, finalmente, la fragmentación del ecosistema”, indicó.

Los efectos en el páramo de Guerrero no solo están relacionados con los cultivos y la ganadería. El deterioro también se expresa en la proliferación de especies invasoras como el retamo espinoso, al que se le ha tenido que hacer control manual, como ocurre en Cogua.

En Tabio, el reto ha sido la implementación de medidas para evitar el deterioro de los humedales, “en coordinación con las CAR y la Secretaría de Ambiente del municipio”, indica el informe, pues allí, la preservación de los espejos de agua ha sido la principal afectación.

Por su parte, la tenencia de tierras ha sido el principal problema en el municipio de Carmen de Carupa, en donde la administración municipal ha tenido que adelantar mesas de trabajo por la falsa tradición de predios. Esto es, la ocupación de las tierras en zona de páramo que se ceden de una generación a otra. También han trabajado la estigmatización contra los habitantes del páramo.

Zipaquirá, en cambio, ha sido uno de los municipios que mayores avances ha tenido frente a esta área, pues ha logrado adquirir 47 predios ambientalmente estratégicos y ha conseguido delimitar terrenos adquiridos, con 2.762 metros de cerca para evitar que sean nuevamente invadidos.