Los campesinos lograron obtener derechos globales

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Foto: archivo/Gobernación de Boyacá. Foto: Gobernación de Boyacá
Por: María Alejandra Aguilar/Asociación Ambiente y Sociedad
Todas las mañanas Pedro se despierta a las 3:45 am, a asearse con un balde agua, prepara su almuerzo de arroz blanco y frijoles y se dispone a comenzar sus diez horas laborales bajo el sol y los vientos secos de las montañas andinas.

Él no posee la tierra que cosecha, es jornalero, o pequeño productor, la alquila pues comprar un lote le llevaría al menos dos décadas de ahorros para costearlo. Su trabajo es duro y desagradecido, requiere enormes cantidades de fuerza física; y el pago del jornal no alcanza para cubrir sus gastos.

Si algo sale mal durante la temporada debido a heladas, sequías o inundaciones, la cosecha podría perderse dejándolo sin un centavo. Además, debe tomar otras medidas para proteger sus cultivos de plagas y maleza, para lo que utiliza es un herbicida barato, pero ¿sabe Pedro que este agroquímico es cancerígeno?. La respuesta es que probablemente no.

 

El diario vivir de Pedro se repite en todo el mundo y no tiene nacionalidad, y la única diferencia yace en los diversos factores que hacen que las condiciones de vida de los campesinos sean críticas.

Desde desplazamiento forzado causado por conflictos internos, hasta barreras comerciales imposibles de franquear; subsidios a la gran producción agrícola; falta de acceso a la tierra; emigración rural y actividades extractivas invasivas son algunas de las causas para las violaciones sistemáticas de sus derechos humanos desde tiempos inmemorables.

Las cifras dan la razón al afirmar que mejorar las condiciones de vida de los campesinos es una urgencia:

1. Hoy en día, el 78% de la población bajo condiciones de desnutrición y pobreza extrema reside en áreas rurales y depende del sector agrícola.

2. La población mundial campesina se estima en 1.400 millones de personas.

3. De la cifra anterior 1.000 millones subsiste con menos de 1,25 dólares diarios.

4. El mundo necesita asegurar la producción alimentaria para los 9 mil millones de personas que se esperan poblarán la tierra en 2050. Para esto, la producción de alimentos debe aumentar al menos en un 50% en comparación a la producción actual.

5. Los efectos del cambio climático serán devastadores para las comunidades rurales más vulnerables, ya que la degradación ambiental está directamente relacionada con su supervivencia.

6. Al menos 10 de los 17 objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible dependen de la mejoría de las condiciones rurales.

Ante esta realidad, diferentes organizaciones y activistas internacionales como CETIM, La Vía Campesina y FIAN, lograron promover negociaciones para la creación de un instrumento internacional dentro del sistema de las Naciones Unidas, que propendiera por la protección de las comunidades campesinas y rurales.

Las negociaciones duraron un poco más de cinco años y concluyeron el pasado 29 de septiembre de 2018 con la primera Declaración sobre los Derechos Humanos para los Campesinos y otros Trabajadores Rurales.Su principal objetivo es reconocer la necesidad de fortalecer los derechos de los campesinos y hacer un llamado a los Estados miembros para que adopten medidas urgentes.

Este instrumento fue negociado en marco del Consejo de Derechos Humanos compuesto por 47 estados. En su último debate la Declaración tuvo 33 votos a favor, 11 abstenciones y 3 votos en contra, el paso final para su adopción definitiva se dará a finales de diciembre de 2018, cuando sea presentada ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.

La Declaración sobre los campesinos podría ser un nuevo instrumento global para revitalizar el trabajo y el estilo de vida de personas como Pedro y millones más. Ya que esta contiene principios y obligaciones específicas para vincular la voluntad política de los Estados a garantizar el bienestar de los campesinos. Lo que se traduce en la toma de medidas legislativas que incorporen o refuercen los derechos de la población rural.

Su importancia radica en el reconocimiento de los campesinos y trabajadores rurales como un grupo poblacional en situación de vulnerabilidad, ya que sufren de manera desproporcional los efectos de la degradación ambiental, la pobreza, los conflictos internos y la discriminación en diversas formas.

De igual manera, establece que la conservación de la biodiversidad, la seguridad alimentaria y en términos generales el cumplimiento de la agenda de Desarrollo Sostenible 2030 depende en gran medida de la reivindicación de sus derechos.

Entre los derechos más relevantes promovidos por la Declaración se encuentran: el acceso a la tierra y la necesidad de reformas agrarias; el acceso a la participación real y la justicia; la preservación de los conocimientos y prácticas tradicionales; el derecho a poseer y usar semillas; el derecho a no estar expuesto a sustancias tóxicas y sustancias químicas, incluidos los agroquímicos y los contaminantes industriales; el derecho a tener seguridad social y sanitaria; el acceso a servicios financieros y créditos agrícolas; la necesidad de apoyar el desarrollo de capacidades a través de asistencia técnica y económica; la obligación de realizar evaluaciones de impacto social y ambiental y consultas cuando los recursos naturales se ven afectados, y la obligación de los estados de proteger a los trabajadores rurales contra actores no estatales como las corporaciones y las transnacionales.



El efectivo reconocimiento de estos derechos tiene también gran incidencia en las decisiones relacionadas a la mitigación, adaptación al cambio climático; en tanto la gobernanza del territorio y los recursos naturales está directamente ligada a las comunidades rurales que en el habitan.

No obstante, algunos gobiernos pueden temer adquirir nuevas obligaciones y reconocer nuevos derechos; la Declaración podría percibirse como intrusiva para ciertas agendas económicas enfocadas en la explotación de los recursos naturales, dónde la rendición de cuentas y los mecanismos participativos para la población rural podrían ser su principal obstáculo. Sin embargo, ignorar que los campesinos representan un tercio de la población mundial es casi imposible. En ellos y sus territorios puede encontrarse la solución de los desafíos actuales y las respuestas para lograr el verdadero desarrollo sostenible.

Hasta el momento Colombia no se ha pronunciado respecto a la nueva declaración, habrá que esperar para conocer su postura, pero si se cumplen los acuerdos de paz debería ser un instrumento de apoyo en el proceso. Esperemos que el fin de la guerra sea de verdad el principio de acceso a la tierra y mejoría en las condiciones del campesinado.