Una ciudad limpia significa mucho más que bajas emisiones y energía renovable

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Camila Bustos.Estudiante de Relaciones Exteriores y Estudios Ambientales en Brown University. Trabaja en Nivela, una nueva organización que investiga temas de Energía y Desarrollo Limpio. Hace parte del Laboratorio de Investigación sobre Cambio Climático y Desarrollo de Brown , donde se enfoca en América Latina y las negociaciones internacionales de cambio climático.

Este artículo fue publicado originalmente para Nivela http://www.nivela.org/articles/una-ciudad-limpia-significa-mucho-m-s-que-bajas-emisiones-y-energ-a-renovable

Bogotá celebró recientemente una ronda de debates sobre ciudades sostenibles en el contexto de la conferencia de Río + 20. Expertos de muchos países y ciudadanos de la capital colombiana atendieron los debates. Una conclusión que saco de este evento es la urgente necesidad de poner el desarrollo sostenible en nuestras agendas urbanas. Debemos identificar y aumentar la colaboración entre “campeones de la ciudad” en la función pública, las empresas y la sociedad civil que estén comprometidos con la integración de la sostenibilidad y la resiliencia en el desarrollo urbano.

En un país como Colombia, donde la guerra, la pobreza y la corrupción dominan el debate público, debemos explicar por qué el desarrollo sostenible tiene sentido y por qué es un desarrollo para todos. La forma en que manejamos las cuestiones energéticas, de transporte y de gestión de residuos son inherentemente políticas, ya que definen la forma en que nos desarrollamos y quien se beneficia. Respondamos a estas preguntas ahora, cuando aún estamos a tiempo de dar forma al futuro de nuestras ciudades. Recordemos que una sociedad limpia significa más que emisiones de carbono bajas y energías renovables – significa lugares igualitarios, democráticos y más humanos para vivir.
Ahora más que nunca, es fundamental que prestemos mucha atención al movimiento por ciudades mejores, más limpias y saludables. La conferencia de Río +20 en Colombia es un ejemplo de esto.

En el mes de agosto, la ciudad de Bogotá organizó un seguimiento de la conferencia de Río +20 – el proceso organizado por las Naciones Unidas sobre el desarrollo sostenible. Aunque este tipo de conferencias internacionales tienden a estar demasiado alejadas de los ciudadanos, este eventose diferenció gracias a su fuerte enfoque en ciudades, transporte y turismo sostenible.

La selección de Bogotá como sede no fue una coincidencia. Los esfuerzos de la ciudad y su liderazgo en proyectos de transporte sostenible, incluyendo los taxis eléctricos y la flota híbrida de Transmilenio, el sistema de transporte masivo de la ciudad, jugaron un papel clave en la selección. El alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, dijo que las ciudades desempeñan un papel vital en la lucha contra el cambio climático y enmarcó el evento como una oportunidad para promover la acción local y regional sobre el clima.

La conferencia se llevó a cabo en medio de la política local. El Plan de Ordenamiento Territorial (POT) – el plan de Bogotá para el desarrollo – se ha suspendido y el propio Petro fue destituido de su cargo a principios del año sólo para ser reinstituido después. Mientras tanto, Colombia ha visto el cambio climático devastar el país con sequías históricas en Casanare y escasez de agua en La Guajira. Se puede decir que esta conferencia se llevó a cabo en el momento adecuado.

Cambiando Realidades Urbanas

Una fuerte tendencia de urbanización está dando forma al mundo en desarrollo. Más del 50% de la población mundialvive en áreas urbanas. El mundo está a la espera 2 a 3 billones consumidores de clase media adicionales en el 2040 y la mayor parte de este crecimiento ocurrirá en las ciudades. Rio +20 en Bogotá sirvió como un recordatorio innegable de estas tendencias.

Las ciudades también son responsables del 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo y sufren los efectos del cambio climático. De tal manera, son responsables de actuar como catalizadores para el cambio positivo – la política y la gobernanza de la ciudad están muchas veces más cerca de las personas que los gobiernos nacionales.

Bogotá sigue creciendo, pero se enfrenta a peligrosos niveles de desigualdad social. En la última década, la ciudad ha recibido un gran número de personas desplazadas de otras partes de Colombia que buscan escapar la violencia en las zonas rurales. Bogotá también ha sufrido deescándalos recientemente debido a la corrupción en contratos de la ciudad. Es por eso, algunos dirían, que la ciudad tiene poco o ningún espacio para el desarrollo sostenible. Saneamiento, educación, y corrupción –dice el argumento – deberían ser las preocupaciones más importantes.

El problema con esta lógica es que reduce el desarrollo sostenible a una agenda de “medio ambiente”. Sin embargo, el desarrollo sostenible implica movilidad urbana, aire limpio, y espacios verdes recreativos. Significa seguridad alimentaria, salud pública y un alto nivel de vida para la mayoría.

La actual administración de Bogotá entiende que es necesario tener una perspectiva más amplia de desarrollo sostenible para la ciudad. Por primera vez en su historia, el Plan de Ordenamiento Territorial:

  • Integra la sostenibilidad en el desarrollo de Bogotá y prioriza el medio ambiente.
  • Organiza la ciudad teniendo en cuenta las fuentes de agua, la participación pública, el eco-urbanismo, la adaptación al cambio climático y la gestión integral de los residuos sólidos.
  • Prevé una ciudad densa, compacta e inclusiva.
  • Trata de hacer la ciudad más transitable mediante el reconocimiento de los peatones como el centro de la movilidad urbana. También expande la planificación de nuevas líneas de Transmilenio y un sistema de metro.

Desafortunadamente, el POT ha sido suspendido por el Consejo de Estado, después de que consideraran que Petro carecía de la capacidad legal para modificar el plan existente de la ciudad.

Sociedades más limpias

¿Qué lección central se puede sacar sobre el debate organizado en Bogotá sobre ciudades sostenibles? ¿Por qué deberían escuchar a los ciudadanos?

Ciudades sostenibles y transitables están a nuestro alcance. Es importante reiterar este punto. Tenemos que alejarnos de la idea de que la mala calidad del aire, la escasa movilidad y las ciudades grises son inevitables. Ha llegado el momento de exigir ciudades que estén enfocadas en el ciudadano, con mejor transporte público y un más eficiente uso de recursos. Ciudades que funcionen y sean para la ciudadanía. Esto no sucederá a menos que nuestros gobiernos nacionales y locales hagan una rendición de cuentas. Los gobiernos merecen crédito cuando toman buenas decisiones. También tienen que estar expuestos cuando no defienden el interés público. Se necesitan nuevas alianzas públicas y privadas para el desarrollo urbano limpio. Lo que saco de estas discusiones en Bogotá es que es urgente identificar “campeones de la ciudad” en la función pública y en las empresas que se comprometan a promover un cambio positivo en términos de sostenibilidad y resiliencia.

No hay ninguna razón por la cual el desarrollo sostenible no debería estar en el centro de nuestra visión urbana. La sostenibilidad es una visión política, no la última “tendencia”. El cambio climático, el transporte eficiente y la movilidad urbana nos afectan a todos, especialmente a los más pobres. Como enfrentamos esto retos definirá el futuro de nuestras ciudades. Problemas ambientales sin resolver tendrán profundas consecuencias políticas, económicas y sociales, exigiendo nuestra mayor atención, sobre todo al nivel local de gobierno. No podemos tratar estos temas como los temas de “conferencias internacionales sobre medio ambiente”.

Eventos como Río +20 son espacios para fomentar el diálogo sobre todo cuando ofrecen una oportunidad para que los ciudadanos piensen en su ciudad y puedan imaginar un futuro mejor. Para un número cada vez mayor de bogotanos “más de lo mismo” ya no es una opción.

¿Cómo podemos lograr un cambio social? La ciudadanía es clave. Necesitamos una narrativa ambiental de inclusión y la accesibilidad, por ejemplo, a los servicios públicos. Hemos tenido suficientes cumbres medioambientales y discusiones entre los expertos que a menudo están desconectados de las personas y sus necesidades. Si bien algunos de estos eventos globales tienen un propósito – sensibilizar a la ciudadanía, dar forma al discurso público y fomentar la innovación en nuestras ciudades-es hora de centrarnos en soluciones e innovaciones locales: el transporte público y los espacios verdes merecen nuestra atención durante todo el año. La ciudad es donde se aplican las políticas e iniciativas; los ciudadanos y la ciudad pueden cambiar el desarrollo hacia un camino más limpio.

Hoy en día, la corrupción domina gran parte del debate público en Colombia. Necesitamos nuevas voces en el país que articulen al público por qué una política limpia y un desarrollo limpio se refuerzan mutuamente para beneficiar a la mayoría. La manera en que manejemos la energía, el transporte y la gestión de residuos definirán en gran parte el país que seremos. También definirán si el desarrollo funciona o no para la mayoría de nosotros. Empecemos a tomar las decisiones necesarias para evitar a largo plazo un desarrollo que no beneficie a la mayoría. Las ciudades son el punto de partida natural para una nueva visión en la que una sociedad limpia significará mucho más que emisiones de carbono bajas y energías renovables: significará lugares más igualitarios, democráticos y humanos para vivir.

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