Un mundo sin ambientalistas extremos?

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Paola Godoy M.

Mucho se ha dicho estas últimas semanas sobre el “ambientalismo radical” (Becerra, 2014) y los “ambientalistas extremos” (Bejarano, Ambientalistas Extremos, 2014) en palabras del columnista Ramiro Bejarano y el primer Ministro de Medio Ambiente de Colombia, Manuel Rodríguez Becerra. Al leer sus columnas, queda clara la posición del uno y del otro, el primero acusando a quienes defendemos el capital natural, de frenar el desarrollo, ser los culpables del atraso en obras de infraestructura y tomar la voz que no representa a muchos (Bejarano, Ambientalistas Extremos, 2014) y el segundo defendiendo la existencia de los ambientalistas, manifestando su preocupación por el término “extremo” y la importancia de tener más áreas protegidas en Colombia (SEMANA, 2014).

Por historia podría decirse que el ambientalismo nace en el Club de Roma, en 1968 cuando un grupo de científicos y políticos empieza a hablar de “límites al crecimiento” y publican un informe en 1972, en donde mencionan los cambios producidos en el planeta por la acción del hombre. Esta posición seguro fue vista como extrema, el mundo tenía todo para seguir desarrollándose, contaba con recursos infinitos para cada vez generar más oportunidades y después del gran salto de la revolución industrial no habría motivos para parar, frenar el desarrollo, acabar con las posibilidades de un futuro mejor. Pero más “extremistas” de estos iban apareciendo y ahora además decían que no solo se podía pensar en el hoy sino que el ser humano tenía ya una responsabilidad sobre el mañana y podría decirse que el pasado mañana, se referían a las generaciones futuras. La Sra. Gro Harlem Brundtland en 1982 se pone mucho más extrema y empieza a cuestionar el modelo de desarrollo económico, analiza, critica y replantea políticas de desarrollo pero no lo hace a nivel de su país, Noruega, sino que se atreve a hacerlo a nivel de política mundial. “Nuestro Futuro Común” se escribe en 1987 por diferentes naciones del mundo. Ya no eran personas o grupos sino naciones enteras extremas.

Pero ahí no acabaron, luego llegaron otros que con pruebas científicas y estudios muy juiciosos demostraron que el planeta no era el mismo, que el clima, variable que controla muchos de los procesos de los que dependemos los humanos, estaba cambiando y lo estaba haciendo a un ritmo rápido y preocupante y entonces la frase “Cambio Climático” se empezó a tomar los medios y los discursos. Así surgieron muchos que hablaron de cambios de hábitos de consumo, de reciclaje, de energías renovables y muchas otras cosas que para los “desarrollistas extremos” son frenos al desarrollo, porque cada quien tiene derecho a tener los carros que quiera, extraer el petróleo que desee, vivir como quiera y como dijo Ramiro Bejarano “si los fundamentalistas del medio ambiente quieren vivir en la selva o con taparrabos, están en su derecho, pero que no se olviden de los derechos de los demás” (Bejarano, Ambientalistas

Extremos, 2014)

Pero, cuáles son los derechos de los demás? Son más los que quieren tener Iphone, carro, Full HD, vestir Dior y vivir en mansiones o quienes necesitan agua, comida, educación y en general una vida más digna? A qué derechos se refieren cuando hablan de que el desarrollo es la prioridad de un país si es que lo que aquí se ha denominado desarrollo con base en locomotoras como la minería está demostrado que al menos para esos que hoy “pelean” por sus derechos a un ambiente sano, agua limpia y la no destrucción de su medio ambiente, no es  que haya mejorado notoriamente sus condiciones de vida, comparado con los ingresos del sector privado.

Es cierto que todo extremo es malo y que además debe haber cabida para el disenso, sin embargo, los “ambientalistas extremos” han hecho que el mundo se dé cuenta de cosas, no son poseedores de la verdad ni tienen un “infalible credo” (Bejarano, Ambientalistas Extremos II, 2014) pero han dado a conocer verdades por cierto incómodas que hoy tienen al mundo pensando. Si no fuera por esos ambientalistas que pensaron y piensan más allá del presente, que fueron y son la voz de los aún no nacidos, hoy sencillamente habría mucho menos de lo que tenemos, sufriríamos más consecuencias por decisiones muy mal tomadas, perderíamos aún más en inversiones en infraestructura que se autorizan sin la debida evaluación. Por eso aunque no me gusten los extremos, prefiero un mundo con “ambientalistas extremos” que sin ellos.

Bibliografía

Becerra, M. R. (14 de Octubre de 2014). El ambientalismo radical. EL TIEMPO. Disponible en:

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/el-ambientalismo-radical-manuelrodriguez-becerra-columnista-el-tiempo/14708222.

 

Bejarano, R. (25 de Octubre de 2014). Ambientalistas Extremos. EL ESPECTADOR. Disponible

en: http://www.elespectador.com/opinion/ambientalistas-extremos-columna-524195.

Bejarano, R. (1 de Noviembre de 2014). Ambientalistas Extremos II. EL ESPECTADOR.

Disponible en: http://www.elespectador.com/opinion/ambientalistas-extremos-iicolumna-525419.

 

SEMANA. (2014). “Aquí el único extremismo es la gran destrucción del medio ambiente”.

Semana Sostenible, Disponible en:

http://www.sostenibilidad.semana.com/impacto/articulo/manuel-rodriguezresponde-senalamientos-ramiro-bejarano/32057.

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