¿Qué será lo que entienden por desarrollo?

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Columna publicada originalmente en  Semana Sostenible  

El principal puerto del país y ha sufrido en los últimos 20 años un conflicto armado que sumado a una mala planeación de diversos proyectos han tenido terribles consecuencias para la zona.

En cada uno de los numerosos paros cívicos que se han producido en el Pacífico en los últimos 20 años se utilizan una serie de vocablos para narrar la protesta ciudadana, que es entendida como una explosión social activada por fuerzas exógenas que pretenden retar a los gobiernos de turno. Las “pérdidas millonarias”, el “refuerzo de la seguridad”, los “actos vandálicos”, la “deuda histórica”, las referencias a futuros mejores tiempos parecen formar parte del dispositivo institucional con el cual cada cierto tiempo se enfrenta algo que resulta de bulto y es que en esa región tal vez se condensan las consecuencia de un desarrollo imaginado, y el real que cada día se torna más inequitativo y más esquivo para la mayoría.

La zona costera donde se ubica Buenaventura estuvo casi totalmente cubierta de mangle y tiene dos bahías: la de Málaga o Magdalena y la de Buenaventura. La mayor parte de sus tierras rurales son selváticas, y tiene numerosas quebradas así como caudalosos ríos: Anchicayá, Bongo, Cajambre, Calima, Dagua, La Sierpe, Mayorquin, Naya, Raposo, San Agustín, San Cipriano, San Juan, Verde y Yurumanguí. La mayoría de estos cauces son navegables, y son utilizados como medio de transporte para sus habitantes afrodescendientes y, comunidades indígenas.

En el caso de Buenaventura hemos recopilado y analizado con muchos de sus habitantes, gente llena de ideas, inteligente, respetuosa y dialogal como ninguna, decenas de iniciativas, algunas de la cuales ya se plasmaron en proyectos de zonas francas, puertos de agua dulce en funcionamiento, carreteras inconclusas, el listado que según los manuales debe conducir a un desarrollo y rebajar los niveles de pobreza causados por esos mismos mega proyectos.

Al mismo tiempo que dichos proyectos se lanzan como salvavidas a las regiones, ingresos como la pesca artesanal practicada por siglos se ve amenazada cuando el dragado de los esteros realizado, a veces con dinamita, rompe los sitios rocosos que albergan los peces lo que los ahuyenta y a algunos los conduce a la muerte. La falta de tratamiento de los lodos en las construcciones acaba con la piangua que existe en el manglar.

Buenaventura es el principal puerto del país y ha sufrido en los últimos 20 años un conflicto armado que condujo al desplazamiento de la población afro y al desconocimiento de la titularidad sobre sus tierras colectivas que impone un modelo de desarrollo que arriesga su pervivencia como grupo étnico. La Contraloría General de la República citó a la primera audiencia sobre territorio  en agosto de 2013, espacio que abordó el incumplimiento de las órdenes contenidas en el  Auto 005 de 2005, sobre tratamiento al impacto de los megaproyectos de infraestructura, los servicios  públicos  ineficientes en materia de alcantarillado, agua potable, y salud.  Posteriormente se realizó, en octubre del 2014,  una actividad de seguimiento que constató la poca decisión política para solucionar los problemas. En el intermedio las comunidades bajo la sombrilla de la diócesis han expresado sus reclamos en términos cordiales pero todo ha sido en vano.

La misma Corte constitucional ha proferido Autos como el 005 de 2009 y el auto 234 de Octubre de 2013 de seguimiento específico para Buenaventura y recientemente la sentencia T576 de Noviembre del 2014, en los cuales  manifiesta que la existencia de la comunidad negra en áreas urbanas obliga al estado a garantizar el derecho a la participación efectiva de las comunidades, siempre y cuando los proyectos pongan en riesgo la pervivencia de dichas comunidades. Y en noviembre de 2014 decidió conmemorar el día del derecho a la vida en esa ciudad como un acto de solidaridad y visibilización   de la problemática social que atraviesa  Buenaventura.

Pero ni los Conpes ni las decisiones de la Corte ni los reclamos pacíficos de sus habitantes han podido lograr que el “desarrollo” llegue a través de la satisfacción de servicios básicos elementales como son disponer de agua potable permanente y un hospital de tercer nivel.

Queda la duda si toda la infraestructura edificada con enormes impactos para la vida de las comunidades y su supervivencia cultural también sufre de los mismos problemas o, si como se puede sospechar, tal vez en esos sitios ese desarrollo se ha instalado en beneficio de un segmento muy  reducido y la mayoría debe acudir de nuevo al paro para recordarle a los gobiernos que el desarrollo debe ir más allá de su enunciado.

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