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Palma de aceite: límites para no acabar con los mamíferos de Colombia

Fuente: Mongabay

  • Estudio revela que del total del área dedicada a cultivos de palma en la Orinoquía, el 55 % debe ser para ecosistemas naturales y solo el 45 % para la siembra. Si la palma supera el 75 % del área, el cultivo es insostenible y las poblaciones de mamíferos entran en un declive drástico y acelerado.
  • La mayoría de áreas de cultivo de palma de aceite en la región de los llanos orientales en Colombia ya ha superado el límite sostenible para la conservación de mamíferos. Se recomiendan acciones urgentes de restauración.

Colombia se proyecta como el primer país de América Latina en producción de aceite de palma. Sus plantaciones llevan varias décadas en expansión y se ubican principalmente en la región Caribe, la Orinoquía y el Chocó.

Aunque muchas de las tierras donde actualmente se expande la palma ya han sido zonas intervenidas y deforestadas, también es cierto que en algunos lugares, sobre todo del Caribe y el Chocó, se ha acabado con grandes hectáreas de bosque. A pesar de esto,  la afectación de los ecosistemas y la biodiversidad no se compara en magnitud con la que viven los países del sudeste asiático ─principales productores de aceite de palma en el mundo─, pero algunos grandes monocultivos de palma, que aún no han dado el paso hacia formas sostenibles de producción, siguen generando daño al medio ambiente.

Hasta el momento, la mayoría de estudios y de información disponible sobre palma de aceite en Colombia se han centrado en componentes sociales asociados a tenencia de la tierra y conflictos por el agua con comunidades locales, pero poco se ha hecho aún en temas de biodiversidad y ecosistemas.

Ocelote captado por cámara trampa. Foto: Lain Pardo.
Ocelote captado por cámara trampa. Foto: Lain Pardo.

Recientemente, un artículo publicado en la revista Biological Conservation aborda el tema de la biodiversidad y presenta resultados sobre los límites que deben tener los cultivos de palma de aceite para asegurar la conservación de mamíferos en Colombia.

La investigación se centró en la región de la Orinoquía, conocida en el país como los llanos orientales. Una de sus principales conclusiones, luego de haber realizado fototrampeo en 56 sitios, es que en áreas donde hay entre 45 % y 75 % de cobertura de palma, están ocurriendo cambios drásticos a nivel de diversidad de mamíferos.

Equilibrio entre cultivo y ecosistema natural

“Si nos pasamos de 75 % ya podemos decir que la palma es insostenible y que los cambios en las comunidades de mamíferos los llevarán al colapso. Lo ideal sería mantener un 55 % de ecosistema natural, de bosque inmerso en los cultivos de palma, y nunca menos de 25 %”, le dijo Lain Pardo, doctor en Ecología Tropical y Conservación de la Universidad de James Cook en Australia y uno de los autores del artículo científico, a Mongabay Latam.

Lain Pardo y otros investigadores en medio de un cultivo de palma en el departamento del Meta. Foto: Lain Pardo.
Lain Pardo con trabajadores de un cultivo de palma en el departamento del Meta. Foto: Lain Pardo.

Otro aspecto que resulta revelador es la relación entre aumento de la palma versus riqueza (número de especies presentes) y  abundancia (cantidad de individuos existentes de cada especie). A medida que aumenta la palma, disminuye la riqueza pero no necesariamente hay una caída drástica. Por el contrario, la caída en la abundancia de individuos se da también gradualmente pero llega un punto en el que la disminución es intempestiva. Dependiendo de cada especie, la caída estrepitosa se empieza a dar cuando el cultivo supera el 45 % del total del terreno.

Pardo lo explica con un ejemplo. “Puedes tener 10 animales en el cultivo de palma y 10 en el bosque, pero resulta que los que habitan en palma son generalistas y comunes, mientras que los del bosque son más especialistas, restringidos y amenazados. Lo otro que puede pasar es que tanto en el cultivo de palma como en el bosque encuentres una especie, pero que en la palma solo haya un individuo mientras que en el bosque hay 20. Eso es muy diferente”, dice.

En un estudio anterior, Pardo y otros investigadores encontraron que la palma puede contener en promedio solo un 47 % de la diversidad de mamíferos que tiene originalmente un bosque.

Chiguiro captado por cámara trampa. Foto: Lain Pardo.
Chiguiro captado por cámara trampa. Foto: Lain Pardo.
Lapa, roedor, captada por cámara trampa. Foto: Lain Pardo.
Lapa, roedor, captada por cámara trampa. Foto: Lain Pardo.

 

Los mamíferos más sensibles a la expansión de cultivos de palma de aceite

El artículo revela que existe un punto de cambio drástico en la respuesta de 10 de las 15 especies de mamíferos terrestres analizados respecto al aumento de la cubierta de palma de aceite en paisajes compuestos de 45 a 75 % de cobertura de este cultivo. Después de ese último porcentaje, el número de individuos de cada especie disminuye precipitadamente. En las restantes 5 especies no parece haber un cambio drástico sino gradual; dos de ellas disminuyen y tres tienden a aumentar.

Uno de los aportes del estudio es que la identificación de este rango permite anticipar los probables efectos del cambio en el uso de la tierra en las comunidades biológicas.

Una conclusión preocupante se puede leer en el artículo: “la mayoría de las áreas de cultivo en la región de los Llanos en Colombia ya ha superado este límite sostenible para la conservación de mamíferos”.

Entre los mamíferos más sensibles a la expansión de la palma y a la reducción de los ecosistemas naturales de bosque se encuentran: el chigüiro, que llega a una disminución drástica cuando el cultivo de palma ocupa el 40 % del terreno. De más vulnerable a menos vulnerable siguen la ardilla, el agouti, la zarigüeya, el armadillo, el ocelote, el armadillo de cola desnuda y la lapa o paca; esta última es una de las más resistentes pues su declive precipitado se da cuando el cultivo de palma ocupa el 75 % del terreno.

Yaguarundí captado por cámara trampa. Foto: Lain Pardo.
Yaguarundí captado por cámara trampa. Foto: Lain Pardo.
Vista aérea de grandes hectáreas de cultivo de palma de aceite. Foto: Lain Pardo.
Vista aérea de grandes hectáreas de cultivo de palma de aceite. Foto: Lain Pardo.

El zorro: excepción a la regla

El caso del zorro llamó la atención de los investigadores pues fue la única especie que dio positivo en el análisis. Es decir, a pesar de que la palma se extendía, el zorro también lo hacía. “Eso también es muy interesante porque cuando hablamos de conservación lo que más nos asusta es que se reduzcan las poblaciones, pero a veces dejamos de lado otro asunto: la abundancia de animales”, dice Pardo.

Lo que ocurre con el zorro, si bien es positivo porque sus poblaciones se mantienen e incluso pueden aumentar, también puede tener consecuencias en la dinámica del ecosistema y de las cadenas tróficas, “el asunto no es blanco y negro”, sustenta el investigador. Por ejemplo, el zorro es un animal que come otros animales y entre esos están el armadillo y otros pequeños mamíferos que sí ven disminuidas sus poblaciones con la palma. Se destaca que la superabundancia, a pesar de ser un problema, es menos preocupante que una precipitada disminución de especies. “El colapso es complejo. Si el animal se extingue localmente, es muy difícil recuperarlo”.

Aunque el ocelote no dio positivo en el análisis, es una de las especies más resistentes a la expansión de la palma, pero no hay que perder de vista que aunque es un animal generalista y común, también llega a un punto drástico de declive. El hecho de que sea una especie “resistente” no quiere decir que se mantenga así siempre, pues “también tiene unos niveles máximos de tolerancia a la cobertura de cultivos de palma de aceite”, comenta Pardo.

Oso pamero captado por cámara trampa. Foto: Lain Pardo.
Oso palmero captado por cámara trampa. Foto: Lain Pardo.

Paisaje palmero biodiverso

Los monocultivos de palma, como los de otras plantas, causan fuertes afectaciones a la biodiversidad. Por eso, en Colombia ya hay varios proyectos de cultivo de palma donde se busca dejar de lado ese modelo y generar paisajes mosaico ─donde se combina palma, bosques, pasturas, sabanas y otros ecosistemas─ para garantizar la sostenibilidad de la biodiversidad.

Uno de los más grandes es Paisaje Palmero Biodiverso, coordinado por Fedepalma ─Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite─ y financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF por sus siglas en inglés) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con apoyo técnico y científico del Instituto Humboldt.

Muchos palmeros del departamento del Meta trabajaron en un plan de conservación con el que reconocieron la fauna y flora que tienen en sus plantaciones. También se propusieron combinar la palma con otros cultivos, un modelo que, además de aportarles otro ingreso económico, les ayudó a crear un corredor ecológico para que diversas especies de animales transiten por la plantación. La idea es que estos animales mejoren el desarrollo productivo del cultivo y a la vez logren que el paisaje palmero se convierta en un factor de riqueza natural.

Venado cola blanca captado por cámara trampa. Foto: Lain Pardo.
Venado cola blanca captado por cámara trampa. Foto: Lain Pardo.
Registro en uno de los 56 sitios donde se instalaron cámaras trampa en los llanos orientales de Colombia. Foto: Lain Pardo.
Registro de un puma en uno de los 56 sitios donde se instalaron cámaras trampa en los llanos orientales de Colombia. Foto: Lain Pardo.

Según Juan Carlos Espinosa, líder ambiental de Fedepalma, el reto de algunas zonas del Llano son sus suelos. Por su nivel de acidez y de concentración de aluminio, no son tan productivos como los que se encuentran en la zona norte de Colombia. “Entonces, para no hacer un tratamiento netamente químico, analizamos el servicio ecosistémico que prestan algunos animales en formación de suelos y descomposición de materia orgánica, para que quede más fácil para las plantas absorberlos”, dice Espinosa.

Clara Matallana, investigadora del programa de Gestión Territorial de la Biodiversidad del Instituto Humboldt, trabajó en parte del proyecto Paisaje Palmero Biodiverso, en estrategias para generar conectividad para la fauna y permitir que sus hábitats permanezcan en esos cultivos.

“Es importante identificar unas áreas para las especies, como algunos parches de bosque que tienen recursos alimenticios, o en el caso de las aves, zonas donde puedan anidar. También, identificar corredores al lado de las fuentes hídricas para conservarlas y generar una red de ecosistemas naturales que esté interconectado con el cultivo de palma. La idea es no tener un monocultivo extenso sino dejar algunas zonas para la fauna silvestre”, le dijo Matallana a Mongabay Latam.

Para la investigadora, cuando hay un monocultivo y no se deja ningún espacio de ecosistema natural para las especies, estas se van extinguiendo en la zona. Se pierde también la conectividad y es difícil que poblaciones de animales se muevan de un lado a otro y algunas pueden quedar aisladas. Lograr un paisaje palmero biodiverso es un proceso de mediano a largo plazo. “Hay que hacer un seguimiento de más o menos 6 años. Los resultados se empiezan a ver desde el primer año de trabajo, pues en algunas zonas ya hay mejor regulación climática, de inundaciones y recarga de acuíferos. Sin embargo, la eficiencia total de procesos de restauración se aprecia hacia los 10 o 15 años”, concluye Matallana.

 

¿Quién gobierna en la Amazonía?

 

Fuente: El Espectador

Mientras el Estado continúa viendo la Amazonia, en el mejor de los casos, como un territorio extractivista, en el contexto mundial esta es una de las últimas zonas de tierras de bajo costo disponibles para la ampliación de la frontera agroindustrial. Una gran amenaza se cierne sobre los últimos bosques tropicales intactos del planeta.

En los últimos cinco años la Amazonia perdió un poco más de 410.000 hectáreas de bosque. En 2017 la cifra alcanzó las 140.000 hectáreas. Territorios donde coinciden comunidades vulnerables, campesinas o indígenas, así como áreas ambientalmente sensibles (parques nacionales y reserva forestal) vienen siendo transformados y apropiados por diferentes actores, sin que el gobierno colombiano cambie una tendencia que lleva 20 años.

Ahora las agencias del Estado ven alejarse la posibilidad de retomar el control territorial ejercido por las Farc antes del proceso de paz. El Estado colombiano se acostumbró a pensar que la Amazonia era solo un teatro de operaciones de guerra. No dimensionó su enorme riqueza natural y cultural. Casi siglo y medio después de las caucherías, la Amazonia sigue siendo vista, en el mejor de los casos, como una zona extractivista, de lo cual hay importantes proyecciones en el piedemonte del Putumayo,Caquetá y sur del Meta (para petróleo) y en Guainía y Vaupés (para minería).

Lo anterior, sumado al desarrollo de carreteras e hidrovías planteado en el Plan Maestro Intermodal de Transporte, hace prever una importante transformación de algunas zonas a las que llegará nueva población y transporte de materias primas, que serán un reto para el manejo apropiado de sus impactos acumulativos y sinérgicos. Esto, sin contar con los planes viales departamentales, que no siempre coinciden con la decisión de no ampliar la frontera agropecuaria. ¿A qué intereses corresponden?

En el contexto mundial esta es una de las últimas zonas de tierras de bajo costo disponibles para la ampliación de la frontera agroindustrial, como ya ocurrió en Brasil, Bolivia y Ecuador, y ya aparecen signos de la presión y la ‘búsqueda’ de tierras en particular en las sabanas del Yarí y la Fuga, así como en los ríos Ariari, alto Caguán y Guayabero, entre otros.

La acumulación de tierras en pocas manos en la Reserva Campesina del Guaviare no tiene comparación con otra zona en el país (veredas completas compradas por único dueño). La deforestación e incremento de la ganadería proveniente del sur del Meta (hacia el Guaviare, en el borde de Chiribiquete) y piedemonte del Caquetá es muy sensible (en especial en la región del Orteguaza y Caguán medio). Cultivos de palma africana han llegado a las goteras de la Amazonia (río Guaviare y Ariari), la cual es una zona en la que, según Fedepalma, no tienen interés en ampliarse. ¿De quién son entonces estos cultivos? ¿Quién controla su comportamiento ambiental, cuando hay casos de ocupación de áreas restringidas? Pero si esto ocurre por el lado de las transformaciones planificadas del territorio, veamos que ocurre con las no planeadas.

La Amazonia fue conocida durante muchos años como “territorios nacionales”, una denominación que llevaba implícita una carga de desconexión con el país, de olvido y marginalidad. Al crearse como departamentos y dárseles su autonomía y proceso de descentralización, poco mejoró: cayeron en manos de grupos políticos, algunos de otras regiones, y se quedaron con una visión de desarrollo que ve en la selva y sus pobladores un obstáculo para el crecimiento.

 

Es histórico que las inversiones de los departamentos y municipios amazónicos sean motores de la ampliación de la frontera agropecuaria. Su visión de desarrollo, en el mejor de los casos asociada a la ganadería, incentivó el avance hacia la selva.

Hoy en día, algunos funcionarios locales, al parecer, están interesados en las tierras que cambian de precio mágicamente al pasar una carretera por sus predios. Ven con buenos ojos registrar veredas donde no hay ocupación, sino expectativas, y muchas veces, sobre áreas con restricciones. La cartografía veredal de muchos de estos municipios es un galimatías no acorde con la realidad, ni con el ordenamiento legal del suelo. Largo trabajo espera para el ordenamiento del territorio y una información confiable para la inversión pública.

En algunas zonas, luego de creada la vereda, viene la inversión pública para garantizar el bienestar de la población que está “haciendo finca”, a bajo precio, y que luego se vende al mejor postor y vuelve a arrancar el ciclo del colono tumbando selva, y el acaparador detrás. También hay quien no espera a que el colono abra el monte. Hoy, inversionistas de diferente tamaño y origen de recursos, contratan los aserradores y mandan tumbar hasta donde sus recursos lo permiten.

En el verano de este año, zonas con un solo dueño tumbaron lotes de 800 hectáreas; el tamaño de fincas muestra el poder económico de los acaparadores. No hay un negocio en el mundo que no sea rentable si el precio del suelo es igual a cero; su única inversión es tumbarlo y quemarlo porque en adelante todo es ganancia.

Muchas agencias han interpretado que el objetivo de la gente al tumbar era por la expectativa de una posible titulación; hoy, vemos que no es así en muchos casos. Para los grandes acaparadores, el mercado ilegal de tierras es su mejor escenario. La legalidad implica pagar impuestos, tener restricciones de tamaño de predios y restricciones al uso del suelo.

Hoy, nada de eso ocurre, a excepción del impuesto que ya empieza a pagarse a los nuevos grupos armados ilegales que aparecen en el territorio, el cual, además, permite “seguridad” y la ampliación de sus apropiaciones sin restricción. La elaboración de un catastro rural y la formalización de la propiedad es una necesidad urgente y un rezago histórico que condena a la Amazonia al caos y a la ley del más fuerte. Con los acuerdos de paz hubo una esperanza para que esto fuera priorizado en estas regiones, pero no fue así, y la velocidad de la apropiación y deforestación superó con creces al Estado.