Lejos del reto de los 2 grados

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Esta noticia pertenece a la edición en papel de Diario Córdoba

La comunidad internacional emplea la convención de los 2 grados –un aumento de la temperatura de dos grados con respecto a los valores preindustriales– como el umbral simbólico que separa un calentamiento global asumible, el máximo permitido para evitar interferencias peligrosas en el clima, de lo que sería una catástrofe. Aunque no depende de décimas, el riesgo aumenta a medida que se aleja el objetivo. Y por ahora, según todas las previsiones, el aumento de las temperaturas en este siglo se situará en el mejor de los casos entre 2,7 y 3,1 grados, según quien haga el análisis. Si no se hace nada y todo sigue como ahora, el ascenso más probable será de 4,9 grados de aquí al 2100, según las proyecciones o escenarios del IPCC, grupo de expertos en cambio climático de Naciones Unidas. Los países participantes en la cumbre de París, que ha de sentar las bases de la política climática internacional de las próximas décadas, han entregado a la ONU sus propuestas de acción para reducir emisiones de dióxido de carbono y otros gases responsables del calentamiento global, lo que técnicamente se conoce como pledges o compromisos.

Pues bien: el Climate Action Tracker (CAT), organismo asociado a cuatro centros de investigación europeos, ha calculado que las promesas nacionales, de cumplirse, equivalen a un aumento de las temperaturas de 2,7 grados en el 2100. Como la temperatura ya ha aumentado 9 décimas en el planeta desde 1900 y es inevitable que suba varias más debido a la llamada inercia atmosférica, es urgente tomar medidas para frenar el proceso. Por si fuera poco, es muy posible que los países más vulnerables, como los estados insulares del Pacífico, ya empiecen a sufrir estragos con un aumento de solo 1,5 grados, recuerda Mar Asunción, responsable del programa cambio climático de WWF-España. Los cálculos son complejos porque las promesas no se expresan en los mismos términos. EEUU prevé recortar entre el 26% y el 28% sus emisiones de CO2 en el 2025 con respecto a los niveles del 2005, mientras la UE propone el 40% en el 2030 pero con respecto a 1990, “que en fondo no es mucho más que lo que proponen los norteamericanos”, explica el biólogo Frederic Ximeno. Lo que está claro, según el CAT, es que “los gobiernos deben fortalecer significativamente sus objetivos” y reducir las emisiones mundiales en 12-15 gigatoneladas de CO2 anuales para el 2025 y en 17-21 gigatoneladas en el 2030, un objetivo ambicioso si se tiene en cuenta que actualmente ascienden a 50 gigatoneladas al año. Como insiste el IPCC, “hay que evitar a toda costa que en la atmósfera haya una concentración superior a las 450 partes por millón de CO2″. El dióxido de carbono es un gas sumamente persistente puesto que sus moléculas tardan entre 250 y 400 años es degradarse.

De las 150 propuestas de reducción que ya se han presentado ante la ONU, el CAT ha analizado 48 países que en total suponen el 78% de las emisiones mundiales de CO2″. Pocas potencias faltan. El margen de error es pequeño. De hecho, en términos similares (2,7 grados) se ha expresado la Agencia Internacional de la Energía (IEA) tras analizar las propuestas de 150 países, que suponen el 90% de la demanda global de combustibles fósiles. La IEA apuntó que la aplicación completa de los compromisos marcados requerirá 13,5 billones de dólares (12,25 billones de euros) en medidas de eficiencia energética y tecnologías de bajo contenido en carbono entre el 2015 y el 2030. La agencia calcula que para lograr el objetivo de los 2 grados sería encesario que el 70% de la generación de electricidad “adicional” (centrales de nueva construcción) proceda de fuentes renovables.

El CAT pone nota a los países en función del esfuerzo que van a realizar. Así, a Australia, Rusia, Canadá, Corea del Sur, Sudáfrica, Japón, Singapur o Turquía los suspende sin paliativos. En el segundo grupo, con nota media, están la UE, China, México, Estados Unidos o la India. Finalmente, en el grupo de los aprobados solo hay dos: Marruecos y Etiopía.

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