Por Lina Torres, Asociación Ambiente y Sociedad

Desde el inicio del 2017, las empresas extranjeras decidieron retomar finalmente la planeación de las inversiones en la exploración y perforación de los pozos marítimos en el territorio brasilero. El principal objetivo está direccionado a realizar nuevos descubrimientos de petróleo y gas, luego del contundente periodo de crisis vivido en el sector y la recesión económica y política del país que aún continúa latente. Adicionalmente, el sector energético mundial atraviesa una transición en donde la demanda del crudo presenta una tendencia a la baja debido a la alta penetración de fuentes renovables de energía y las restricciones al consumo de combustibles fósiles para combatir el calentamiento global.

Ante lo expuesto, si Brasil quiere garantizar su espacio como un nuevo gran exportador de petróleo, debe buscar un nivel de costos de producción seguro (en torno a los 30 dólares por barril). Varios cambios ha realizado el país para estimular y acelerar el retorno de las inversiones, teniendo el Pre-sal (gigantescas reservas de petróleo, que se encuentran en aguas marinas ultraprofundas almacenadas en rocas calcáreas situadas bajo un estrato de sal de gran espesor) como el as bajo la manga del gobierno brasilero. La avanzada ya inició, en territorios como Espíritu Santo, Amapá y Amazonas entre otros, y los impactos sociales y ambientales de estas decisiones no se han hecho esperar, en donde sus costos y consecuencias aún se evalúan.

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